viernes, 7 de noviembre de 2008

Leyendo por un sueño

La televisión es hoy en día el elemento comunicativo por excelencia, el vínculo más usado para aprehender el mundo. Los adolescentes acaso sean los usuarios más absorbidos; basta escuchar sus comentarios, intervenciones o analogías injeridas en clase para constatarlo. El consumo de la televisión estriba en ciertos productos televisivos neurálgicos que sostienen la programación integral del canal y que, lentamente, han ido acaparando incluso la atención de otros canales. Uno de estos “centros” de poder televisiva es “Bailando por un sueño”.
A entender de los docentes, el programa en cuestión contribuye a desvirtuar el lenguaje como estrategia de argumentación veraz y relevante; al mismo tiempo que menoscaba la posible proyección intelectual que se desea promover en el estudiantado. Ante la exorbitancia del oponente, la solución no es la guerra, sino la conversión.
De esta manera, los docentes hemos implementado un proyecto de aula denominado “Leyendo por un sueño”, que emula la dinámica del programa ya mentado, pero modifica sus objetivos epistemológicos, actitudinales, procedimentales, y cognitivos. Cada viernes, el profesor nombra cuatro integrantes del grupo que ofician de jurado, es decir, que tienen a cargo la tarea de evaluar la lectura de sus compañeros en función de una serie de indicadores preestablecidos por el docente y debidamente registrados en el cuaderno de clase. Con esto se pretende gestar una conciencia crítica ante la lectura, y una instancia de co-evaluación que recurre a la argumentación como forma discursiva imperante. Los integrantes del jurado son los encargados, además, de designar al lector que será evaluado. Todos los alumnos de la clase, claro está, tienen la tarea domiciliaria de buscar y preparar determinada lectura para compartir en el caso de ser designados el día de la actividad.
Un juego que educa, que expande la acción de la lectura, y que divierte.

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